La trampa de llamarlo "loco": por qué medicalizar a Milei es perdonarlo de antemano
Decir que el Presidente actúa por un "brote" o una enfermedad mental parece el ataque más feroz que se le puede hacer. Sin embargo, es un regalo envenenado. Al convertir sus decisiones políticas en meros síntomas clínicos, le estamos quitando responsabilidad. Lo transformamos en una víctima de su propia neurología, mientras su gobierno avanza con una agenda que sabe, a ciencia cierta, que va a lastimar. La pregunta urgente que nos debemos hacer hoy no es si está sano o enfermo, sino cuánto hay de voluntad consciente, cálculo frío y consentimiento en un poder que conoce el daño y decide perseverar.
- Los hechos están sobre la mesa y no necesitan de inventos. Cuando Javier Milei calificó a estudiantes, periodistas e investigadores como "terroristas disfrazados", la reacción de su propia coalición no fue marcar un límite ético. Victoria Villarruel salió a hablar de "persecuciones imaginarias" y, días después, el ministro bonaerense Carlos Bianco confesó haber consultado a una inteligencia artificial para trasladar al debate un supuesto diagnóstico de "delirio persecutorio". Así, una declaración de un jefe de Estado contra comunidades enteras dejó de tratarse como un acto político para ser medicalizado como un síntoma.
Esta narrativa se alimenta de rumores que ya fueron desmentidos. En 2023 circuló una falsa historia clínica atribuida al FLENI que mencionaba esquizofrenia y clozapina. En febrero de 2025, otra operación de relato intentó instalar un supuesto brote psicótico en Olivos con un traslado en helicóptero de Karina Milei; la imagen era vieja y el propio autor de la publicación admitió que solo buscaba repercusión.
Pero que esas pruebas sean falsas no blanquea la conducta. Lo que sí está documentado es la consulta a Celia Melamed, vinculada al reiki, el chamanismo y la comunicación empática con animales, durante el duelo por su perro Conan, incluyendo su posterior clonación. Más grave aún: en febrero de 2025 se confirmó una "limpieza energética" con palo santo, vinagre y hierbas en un despacho de la Casa Rosada, una práctica impulsada por su entorno íntimo dentro de la sede misma del Poder Ejecutivo.
- Esto no es una excentricidad de pasillo. Es una pedagogía política con un objetivo claro. El vocabulario presidencial no es un desborde casual; es una herramienta. Llamar "degenerados fiscales" a legisladores, hablar de "parásitos mentales" que convierten a la gente en zombis o etiquetar a la comunidad universitaria como infiltrados cumple una función precisa: deshumanizar.
Cuando el adversario deja de ser alguien que piensa distinto para convertirse en una "contaminación" que debe ser extirpada, el insulto se transforma en justificación. Y no son palabras al viento. En el conflicto por el financiamiento universitario, el veto presidencial fue rechazado por el Parlamento, la aplicación de la ley fue reclamada judicialmente y la controversia escaló hasta la Corte Suprema. Persistir en ese camino no es falta de información; es una voluntad política que calcula costos, conoce el conflicto y sostiene su dirección a pesar de las advertencias institucionales.
¿Y a vos qué te importa esto? Porque cuando el poder define a jubilados, científicos o estudiantes como "parásitos" o "terroristas", el daño material que reciben deja de ser una injusticia para ser narrado como un "saneamiento necesario".
El recorte presupuestario, la represión o la estigmatización ya no se ven como ataques a derechos, sino como medidas de "defensa" del orden. La eficiencia se convierte en una contabilidad fría que registra números mientras borra personas. Para los sectores más vulnerables, esta lógica es una sentencia: su sufrimiento se reduce a una variable estadística, una molestia colateral en una misión que se cree por encima de cualquier corrección moral. La libertad se vuelve licencia del fuerte y el equilibrio fiscal, un fetiche desconectado de la justicia.
El verdadero peligro no reside en un diagnóstico médico inexistente, sino en una voluntad activa que organiza el daño. Una conducción que deshumaniza, que invierte el sentido de bienes como la justicia y que incorpora prácticas vinculadas al ocultismo en la esfera estatal construye una atmósfera de oscurantismo.
La responsabilidad no es solo de quien ocupa el sillón de Rivadavia. Es compartida por el círculo íntimo que valida esta visión del mundo y protege su aislamiento; por los ministros y legisladores que traducen esos impulsos en decretos y recortes; y por aquellos que, sin creer del todo, colaboran mientras les conviene. Reducir todo esto a "locura" es conceder una inocencia que los hechos no autorizan. La historia no juzgará los síntomas, sino las consecuencias.
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Fuente: KontraInfo / Noticias Holísticas, 18 de agosto de 2026
Enlace: https://noticiasholisticas.com.ar/la-coartada-de-la-locura-por-ivone-alves-garcia/
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