GEORGIEVA DIRIGE UNA REUNIÓN DE GABINETE: EL FMI SE SIENTA A GOBERNAR LA ARGENTINA
Kristalina Georgieva no vino de paseo. La directora gerente del Fondo Monetario Internacional aterrizó este lunes en Buenos Aires y lo primero que hizo fue poner en claro quién maneja los tiempos del gobierno de Javier Milei: su agenda incluye encabezar una reunión de Gabinete nacional. No es una visita protocolar, no es una foto de cortesía. Es la jefa del principal acreedor de la Argentina sentándose en la mesa donde se toman las decisiones que afectan a 47 millones de personas.
El dato no es una interpretación de analistas opositores. Es el título con el que la propia Agencia Nova adelantó la visita: "Correte Milei, el FMI está gobernando". Así, sin eufemismos. La información oficial confirma que Georgieva mantendrá durante la mañana reuniones con el presidente y con el ministro de Economía, Luis Caputo, y luego ofrecerá una conferencia de prensa en el Palacio de Hacienda. Pero el gesto que lo cambia todo es esa reunión de Gabinete que la tiene a ella como protagonista. No está previsto que Milei ceda su lugar, pero la sola presencia de Georgieva en ese ámbito reservado a los ministros argentinos habla de una relación que ya no es de acreedor a deudor, sino de supervisión directa.
- Por la tarde, la titular del FMI tiene otra parada fuerte: una exposición en el Palacio Libertad —ex CCK— junto a funcionarios, empresarios y académicos. Allí se analizarán las "perspectivas económicas globales y la situación de América Latina". Pero en la práctica, será una puesta en escena del blindaje que el organismo le está dando a un gobierno que convirtió el ajuste fiscal en su única bandera. Mientras la pobreza supera el 50% y los jubilados hacen malabares con haberes que no cubren ni media canasta básica, el Fondo elige aplaudir el equilibrio de las cuentas públicas como si eso alcanzara para sostener una sociedad rota.
- ¿Qué busca Georgieva acá? Según el comunicado oficial del organismo, "dialogar con representantes de distintos sectores políticos, económicos y productivos". Pero la lectura que corre por los pasillos de la Casa Rosada es otra: el viaje es una señal explícita de respaldo a la administración libertaria, que necesita desesperadamente mostrar apoyo internacional para seguir adelante con reformas que no tienen consenso en el Congreso. Cada foto de Georgieva con Milei es un reaseguro para los mercados. Cada gesto de confianza es un salvoconducto para un programa económico que ya acumula más tensión social que logros concretos.
La agenda sigue el martes 28 con un acto que debería poner la piel de gallina a cualquiera que sepa de historia argentina reciente. Georgieva y su comitiva viajan a Neuquén para recorrer el yacimiento Loma Campana, en Vaca Muerta. Los va a recibir Horacio Marín, presidente y CEO de YPF, la empresa que en 2012 fue expropiada a Repsol con el argumento de recuperar la soberanía energética. Hoy, doce años después, la petrolera de bandera le abre las puertas al organismo que condiciona cada desembolso al cumplimiento de metas que se negocian a miles de kilómetros de distancia.
- La recorrida por Vaca Muerta no es un turismo geológico. El objetivo, según informa el propio gobierno, es "mostrar el potencial energético argentino como una de las principales apuestas para atraer inversiones y fortalecer el ingreso de divisas". Lo que no se dice es que ese potencial ya está atado a los compromisos asumidos con el Fondo. La producción de gas y petróleo no convencional es la garantía última de que la Argentina va a generar los dólares necesarios para pagar la deuda. Y Georgieva quiere ver con sus propios ojos que la promesa sea creíble.
Hay que recordar quién es el anfitrión del área económica. Luis Caputo es el mismo ministro que en 2018, durante el gobierno de Mauricio Macri, firmó con el FMI el crédito por 44 mil millones de dólares, el más grande de la historia del organismo. Aquel préstamo, que incluyó una primera visita de Christine Lagarde al país, terminó en default, renegociación y un rosario de condicionalidades que todavía asfixian. Caputo se fue por la puerta de atrás, pasó un tiempo en el llano y volvió de la mano de Milei como el arquitecto de la "revinculación" con el Fondo. Ahora, es el encargado de recibir a Georgieva y de mostrarle los números fiscales como quien rinde examen ante una junta evaluadora.
La escena recuerda inevitablemente a aquella visita de Lagarde en 2018. En ese momento, el FMI llegó como salvador y terminó como auditor permanente de una economía que nunca terminó de despegar. La diferencia es que ahora el auditor no solo revisa planillas: se sienta en el Gabinete y recorre los yacimientos. La línea entre el monitoreo técnico y la intervención política se volvió tan fina que ya casi no se ve.
El gobierno de Milei celebra este vínculo como un logro diplomático. El propio presidente se encontró con Georgieva en septiembre de 2025, durante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, y desde entonces la relación no hizo más que consolidarse. Cada elogio del FMI al "rumbo económico" es usado por el oficialismo para acallar las críticas internas. Cada desembolso que llega es presentado como una victoria, aunque ese dinero ingrese por la ventanilla del Banco Central y salga por la puerta de atrás rumbo al pago de vencimientos.
Pero lo que el relato oficial esconde es el costo de este abrazo. El respaldo del FMI no es gratis. Está atado a un programa de ajuste fiscal que ya metió tijera en educación, salud, obra pública y transferencias a las provincias. Está atado a reformas que desregulan la economía y dejan a los sectores más vulnerables sin red de contención. Y está atado, sobre todo, a la obligación de generar dólares como sea. Ahí entra Vaca Muerta.
Que Georgieva recorra el yacimiento Loma Campana no es un dato menor. Es la confirmación de que la producción de hidrocarburos no convencionales está bajo la lupa del organismo. Cada barril de petróleo y cada metro cúbico de gas que salga de Neuquén va a ser monitoreado, no por el gobierno argentino, sino por los técnicos que responden a Washington. ¿Cuánto se exporta, a qué precio y qué porcentaje queda para el mercado interno? Esas definiciones ya no son soberanas. Son parte de la negociación permanente con el Fondo.
Mientras tanto, en las calles argentinas la realidad es otra. Fábricas que no pueden pagar las tarifas de gas, familias que eligen entre calefaccionarse o comer, pymes que cierran porque no resisten los tarifazos. Vaca Muerta promete divisas, pero esas divisas van primero a las cuentas de los acreedores y después, si sobra algo, quizás se derrame en algún subsidio testimonial. La visita de Georgieva no incluye en su agenda una recorrida por los barrios donde el ajuste se siente todos los días. No va a visitar geriátricos con jubilados que cobran 300 mil pesos. No va a reunirse con cooperativas de trabajo que perdieron el financiamiento estatal. Su Argentina es la del Palacio Libertad, los despachos oficiales y los yacimientos que garantizan el repago.
La última vez que un director del FMI pisó el país fue hace ocho años. En aquel momento, el final de la historia fue default, crisis cambiaria y una deuda que todavía estamos pagando. Hoy, con Georgieva sentada en el Gabinete y recorriendo el subsuelo neuquino, la pregunta no es si el FMI apoya al gobierno. La pregunta es hasta cuándo ese apoyo va a seguir dependiendo de un ajuste que ya dejó a la mitad de los argentinos afuera del sistema. Lo que queda en juego no es solo la soberanía energética. Es la posibilidad misma de decidir qué país queremos ser sin que nadie nos dicte las condiciones desde un escritorio a 8 mil kilómetros.
Fuente original: Agencia Nova, 27 de julio de 2026
Enlace: https://www.agencianova.com/nota.asp?n=2026_7_27&id=170335&id_tiponota=4
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