Randazzo declaró en la Causa Cuadernos y negó haber recibido instrucciones de Cristina para favorecer empresas
Randazzo se presentó este 18 de agosto ante el Tribunal Oral Federal 7. No fue una comparecencia más: por primera vez declaró como testigo en la Causa Cuadernos, el expediente que investiga presuntas maniobras irregulares entre el Estado y empresarios durante los gobiernos kirchneristas. Y su testimonio generó un contraste directo con la hipótesis que sostiene la acusación.
El exministro del Interior y de Transporte, hoy diputado nacional, aseguró que jamás recibió una instrucción política para favorecer a determinadas empresas en la asignación de subsidios. La afirmación no fue al pasar: la pronunció ante preguntas del defensor de Cristina Kirchner, Carlos Beraldi. “Nunca, jamás”, respondió.
Randazzo no es un testigo periférico. Asumió como ministro del Interior en diciembre de 2007 y, tras la tragedia ferroviaria de Once, en 2012 se sumó la órbita de Transporte bajo su control. Es decir, tuvo bajo su responsabilidad dos áreas sensibles para cualquier investigación sobre obra pública, subsidios y vínculo con empresas. Por eso su palabra tiene peso específico en este juicio.
Durante su declaración, explicó el circuito de aprobación de subsidios. Contó que el Ministerio de Economía participaba en la programación de esos fondos y debía autorizar la disponibilidad del dinero. También dijo que había una discusión permanente sobre cómo controlar la inflación y que el costo del pasaje jugaba un rol central. “Había una decisión política de la presidenta de adquirir material rodante”, sostuvo. Y aportó un dato concreto: “Compramos 1140 coches, desde ese momento a ahora no se compró un solo vagón. Se sigue subsidiando el transporte público”.
El exfuncionario no esquivó el pasado. Recordó que el deterioro de los trenes “venía de mucho antes” de la tragedia de Once y citó el caso Siemens: la empresa cobró un anticipo del 20 por ciento por obras de señalización que no cumplió y fue obligada a devolverlo. También mencionó la tarjeta SUBE, que había iniciado Juan Pablo Schiavi y que él terminó de implementar. Esa herramienta, explicó, permitió saber cuántos pasajeros viajaban y cuánto combustible se usaba, datos que antes dependían de lo que declaraban los empresarios.
Cuando la fiscal Fabiana León le preguntó si esas medidas servían para evitar hechos de corrupción, Randazzo respondió que avanzaron muchísimo. Mencionó una página web donde todos los meses se publicaba cuántos recursos recibía cada línea y cómo se desglosaban. Esa página, afirmó, se dejó de usar durante la gestión de Mauricio Macri.
El testimonio incluyó también una crítica a la dirigencia sindical ferroviaria. “Tal vez no sea políticamente correcto, pero parte de la dirigencia sindical es parte del problema”, declaró. No fue una frase menor: puso sobre la mesa un actor que suele quedar afuera del debate público sobre el transporte.
Para explicar la lógica de los subsidios, Randazzo dio cifras que conectan directamente con la vida cotidiana. En los años 90, el sueldo promedio de un ferroviario equivalía a unos 900 boletos mínimos. Después de la salida de la convertibilidad y el congelamiento de tarifas entre 2002 y 2008, se necesitaban 6.000 boletos para cubrir ese salario. En 2014, la cifra llegó a 12.000. El subsidio estatal fue creciendo hasta cubrir el 90 por ciento del valor del pasaje.
¿Y a vos qué te importa? Porque explica por qué el boleto de tren o colectivo cuesta lo que cuesta y por qué cualquier ajuste en los subsidios impacta de lleno en los sectores más vulnerables. Según su relato, el actual gobierno acumuló una inflación del 300 por ciento y aumentó el pasaje un 1.000 por ciento. Hoy hacen falta 6.000 boletos mínimos para pagar el salario de un ferroviario. “El mundo subsidia el transporte público, no la Argentina, no nos confundamos”, afirmó.
Randazzo también contó que se reunía todas las semanas con los concesionarios del servicio y que algunos se sintieron maltratados por la exigencia. Mencionó los nombres de Gabriel Romero y Aldo Roggio, dos empresarios del sector. La relación, según su versión, no era de complicidad sino de control.
Ante una pregunta del defensor Manuel Ubeira sobre si advirtió algún tipo de actividad oscura entre funcionarios y empresarios durante su gestión, la respuesta fue tajante: “No me consta eso, mi experiencia demuestra lo contrario”.
El juicio continuará con más testigos. La declaración de Randazzo no cierra la causa, pero deja un interrogante incómodo para la fiscalía. Si quien tuvo el control directo del transporte y los subsidios afirma que no recibió directivas irregulares y que no vio actividad ilegal, la acusación enfrenta un testimonio que no confirma el relato central. Queda en juego la solidez de un expediente que arrastra años sin definición y que, mientras tanto, mantiene en vilo a la política argentina.
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Fuente original: C5N, 18 de agosto de 2026
Enlace: https://www.c5n.com/politica/causa-cuadernos-declaracion-randazzo-cristina-kirchner-18-agosto-2026
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