Lamelas, el Virrey: el día que Milei cambió el Mercosur por el látigo yanqui
Mientras los presidentes sudamericanos deliberaban en Paraguay, el argentino prefería brindar en la embajada de EE.UU. con el hombre que se ríe del bloqueo a Cuba. No fue un accidente de agenda. Fue un acto de sumisión en cámara lenta.
- El 4 de julio de 2026, Javier Milei hizo historia. Pero no por una gesta patriótica. Por primera vez, un presidente argentino concurrió a la embajada de Estados Unidos para festejar la independencia norteamericana, en lugar de sentarse en la cumbre del Mercosur. No es que los horarios se superpusieran: el festejo de Lamelas daba tiempo para hacer ambas cosas. Pero Milei eligió la foto que quería dejar grabada: la de un presidente que festeja la dependencia de su propio país.
El embajador Peter Lamelas, cubano de origen y funcionario de la administración Trump, lo había anticipado con una carcajada: “El presidente Milei no va a poder hablar, me tendrá que escuchar a mí, ja, ja”. Y así fue. No hubo diálogo entre pares. Hubo un monólogo del virrey y un silencio obediente del mandatario argentino. La Rosada, esa semana, fue decorativa. El poder real, ese 4 de julio, se ejercía desde la sede diplomática de Washington en Buenos Aires.
El saqueo tiene nombre y apellido
- Si Detrás del brindis hay un proyecto concreto. No es teoría conspirativa: es la letra chica de las leyes que el gobierno libertario ya impulsó. El Súper Rigi, la extranjerización de la tierra, el desguace de la ley de glaciares, las restricciones a la integración regional y a los vínculos con China, los acuerdos de la Armada Argentina con la cuarta flota del Comando Sur y la cesión de un puerto militar en Ushuaia. Cada uno de esos instrumentos tiene un solo objetivo: convertir a Argentina en un depósito de minerales, energía y alimentos para una Estados Unidos que ya no es la potencia omnipotente de los años 90, sino una nación acorralada por China que busca asegurar su retaguardia.
No es casual que el texto fuente recupere el concepto nazi de Lebensraum (“espacio vital”). Washington ve al Atlántico Sur y a la Antártida como su patio trasero, y a nuestro país como la pieza que falta para completar el rompecabezas. Lo que para Venezuela fue el secuestro de su presidente, para Cuba el bloqueo más inhumano de la historia, para México las amenazas de invasión y para Canadá y Groenlandia los anuncios de apropiación, para Argentina es este paquete de leyes que se votan con sonrisas y apretones de manos. Ninguna de esas medidas expresa una relación igualitaria. Son todas formas de agresión y sometimiento.
El país que se viene: cero ascensor social
- El proyecto que encarna Milei no es una reforma. Es una demolición. Y él mismo lo reconoció: “ni siquiera las dictaduras militares pudieron avanzar tanto en la destrucción de este país”. No fue un lapsus. Fue un diagnóstico en voz alta.
¿Qué queda si se consolida este modelo? Un país sin educación pública de calidad, sin desarrollo industrial, con una clase media reducida a su mínima expresión y un ejército de trabajadores informales sin derechos, empujados a jornadas de 16 horas en aplicaciones. Locales cerrados y venta callejera como paisaje cotidiano. La movilidad social, ese viejo sueño argentino, desaparece. La mayoría de la población, bajo la línea de pobreza. Mientras el mundo se transforma con nuevas tecnologías, Argentina quedará atrás, y la reconstrucción será casi imposible.
Pero ese plan requiere un movimiento popular fracturado. Y ahí está la segunda pata de la estrategia: el internismo. Si la oposición llega dividida a 2027, el gobierno libertario se consolida. Por eso la condena a Cristina Kirchner –calificada en la fuente como «absolutamente irregular»– y las restricciones a su encarcelamiento no son un hecho jurídico aislado: son una proscripción política que busca bloquear a la líder con mayor arrastre popular. Y mientras tanto, Axel Kicillof es el blanco de una campaña de demolición que ya tiene voz oficial: el flamante jefe de Gabinete, Diego Santilli, lo calificó como “el peor gobierno bonaerense de la historia”.
Los números que no mienten (y los gobernadores que sí)
- La gestión de Kicillof, pese a la pandemia, supera en casi todos los indicadores socioeconómicos a la de María Eugenia Vidal, según un cuadro comparativo del analista Alfredo Serrano Mancilla. En algunos rubros, duplica los números del PRO. Sin embargo, el relato destructivo avanza, y el propio Milei alimenta la grieta dentro del campo popular para debilitar a sus únicos adversarios con capacidad de frenarlo.
El nombramiento de Santilli –luego de la crisis Adorni– y el distanciamiento de Sebastián Pareja en la provincia de Buenos Aires muestran que Milei le está cediendo poder al PRO para sostener su gobernabilidad. Pero al mismo tiempo, corre a la embajada a buscar el respaldo de su protector norteamericano para no quedar desbalanceado. Esa danza tiene un costo: mientras tanto, 14 gobernadores –algunos de origen peronista– asisten al besamanos oficial, reciben la décima parte de lo prometido y votan leyes que entregan soberanía a cambio de migajas.
2027: la elección que no será normal
Las encuestas le otorgan al gobierno un 30% de imagen positiva, apenas por encima del piso histórico del PRO. Pero ese número no dice todo. Lo que está en juego es si el movimiento popular logra recomponerse o si el internismo lo termina de quebrar. La danza al borde del abismo no es una metáfora: es la descripción exacta de un proceso donde cada paso en falso puede sellar el futuro del país durante décadas.
- Milei festejó la independencia de Estados Unidos y, al mismo tiempo, la dependencia argentina. No fue torpeza. Fue una declaración de principios. Y Lamelas, desde su embajada, sonríe. Sabe que el virrey ya no necesita corona: tiene un presidente que le escucha sin chistar.
Fuente original: Página/12 – 04 de julio de 2026
Enlace: https://www.pagina12.com.ar/2026/07/04/lamelas-el-virrey/
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