El 64% quiere un cambio de gobierno y el kirchnerismo lidera las alternativas, según la UBA
El escenario más desafiante para el oficialismo desde que arrancó la serie de monitoreo. Así describe el Observatorio de Psicología Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la UBA su última encuesta nacional, y los números no dejan lugar a dudas: el sueño de la reelección de Javier Milei está más lejos que nunca.
El estudio, que adelantó Clarín este lunes y que Fenix Multiplataforma reproduce en detalle, se hizo sobre 2.184 casos a nivel nacional durante el mes pasado, con un margen de error de +/- 2,1%. Y lo que revela es un “punto de inflexión” que debería encender todas las alarmas en Balcarce 50.
El dato más doloroso para el gobierno, el que probablemente más discusiones genere, es el que compara la experiencia vivida por los argentinos en las últimas tres gestiones. Cuando se pregunta “¿con cuál de los últimos tres gobiernos vivió mejor?”, la respuesta es lapidaria: gana el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner con el 49,2%, seguido muy de lejos por el de Javier Milei (31,1%) y cerrando el podio el de Mauricio Macri (19,7%). La memoria colectiva, esa que los libertarios suponen frágil, ubica al gobierno anterior —con toda su crisis, su pandemia y su conflicto interno— muy por encima de la era de la motosierra.
Pero el problema de fondo no es sólo el pasado. Es el presente y el futuro inmediato. El informe de 16 páginas del OPSA detecta “un deterioro extendido de las evaluaciones sobre la situación económica, política y social del país”. Y lo que hace única a esta ola de junio es la convergencia de tres fenómenos que, juntos, sugieren algo mucho más profundo que un simple mal humor pasajero.
Primero, la desaprobación de la gestión nacional alcanza niveles mayoritarios. Segundo, y esto es clave, emerge una mayoría que expresa su preferencia por un cambio de gobierno en 2027. Tercero, y quizás lo más contundente, en una simulación de ballotage, Javier Milei aparece por detrás de un candidato opositor: el gobernador bonaerense Axel Kicillof.
La pelea, en un eventual mano a mano, no es ni siquiera pareja. El estudio revela que Kicillof obtendría el 48,2% de los votos, contra un 39,3% de Milei. Un 12% no apoyaría a ninguno. Son casi nueve puntos de diferencia. Una distancia que en política no es una grieta, es un abismo.
El informe es especialmente duro en su análisis del desgaste del gobierno. Los investigadores de la UBA advierten que el deterioro “parece exceder la dimensión estrictamente económica”. Durante gran parte de su mandato, el apoyo a Milei se sostuvo en la promesa de estabilización y en una fuerte identidad política construida alrededor de la honestidad y la confrontación con “la casta”. Pero los números actuales sugieren que esa erosión ya no es sólo por los resultados económicos, sino que está empezando a carcomer los atributos identitarios que le dieron origen.
En este contexto, el caso Adorni —la salida del entonces vocero presidencial— adquiere una relevancia central. El informe señala que la controversia impacta directamente sobre “uno de los principales activos simbólicos del proyecto libertario: la promesa de representar una forma diferente de hacer política”. Cuando un gobierno empieza a ser evaluado negativamente en aquello que constituía el núcleo de su legitimidad, el desgaste adquiere una profundidad distinta a la de cualquier crisis coyuntural.
Sin embargo, el estudio también tiene un mensaje para la oposición: no se confundan. La ventaja de Kicillof en el ballotage “debe interpretarse como expresión de un clima de opinión adverso para el oficialismo, más que como evidencia concluyente de una hegemonía opositora consolidada”. La oposición sigue fragmentada, pero el problema principal del oficialismo ya no es la consolidación de un rival, sino la creciente disposición de sus propios votantes a abandonar el barco.
El informe de la UBA deja una enseñanza clara: la gente ya no cree en el rumbo. Aunque muchos consideran que pueden administrar su situación personal, perciben que el país se dirige en una dirección equivocada. Ese “pesimismo colectivo” es el verdadero enemigo del gobierno. Y contra eso, ni la motosierra ni los discursos en cadena nacional parecen tener efecto.
Fuente original: Clarín, 6 de julio de 2026
Enlace: clar.in/4vR7kkk
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