Volvieron todos: los empresarios que Milei llamaba "casta" ahora se reparten rutas y energía por miles de millones
La licitación se cocinó en silencio durante meses y el resultado cayó como una cachetada para cualquiera que recuerde los discursos de campaña. Cuatro corredores viales que atraviesan Buenos Aires, La Pampa, Santa Fe, Córdoba y San Luis acaban de ser adjudicados a empresas que huelen a kirchnerismo, a aportantes de La Libertad Avanza y a constructoras con causas penales en el lomo. En total, 2.557 kilómetros de rutas nacionales pasarán a manos privadas por los próximos años, con la promesa de sumar 16 nuevas cabinas de peaje a las 10 que ya existen. Pero el dato no es solo vial: el mismo día que se conocieron esas adjudicaciones, el Gobierno confirmó que otra licitación, esta vez por sistemas de almacenamiento de energía con baterías, quedó casi monopolizada por una sola empresa vinculada a un banquero que supo ser acusado por el propio Milei de “jugar sucio”. La casta, parece, tenía varios DNI guardados en el bolsillo.
El caso más simbólico es el de Cristóbal López. El empresario que enfrenta los juicios orales de la causa Cuadernos y de Los Sauces-Hotesur, y que sigue esperando que la Corte Suprema revise su absolución en la causa Oil Combustibles, vuelve al negocio de los peajes. Su constructora CPC se quedó con el corredor Portuario Norte al ofrecer una tarifa de $2.245,76 por vehículo liviano. Le ganó por apenas 13 pesos a un consorcio integrado por Panedile, Supercemento y Eleprint. No es un detalle menor: CPC ya había manejado el acceso Ezeiza-Cañuelas-Ricchieri durante el segundo gobierno de Cristina Kirchner, hasta que en 2017 el macrismo le rescindió el contrato por retener fondos que debía transferir al Estado. La empresa entró en concurso preventivo y recién logró salir el año pasado. Hoy, con un gobierno que se presenta como la antítesis del kirchnerismo, López vuelve a cobrar peajes en rutas que pagamos todos.
- El segundo ganador de la compulsa vial tiene una historia que mezcla negocios con campañas electorales. Creditech, la financiera del Grupo Corven que preside Leandro Iraola y que se especializa en préstamos para consumo y motos, se llevó dos corredores: el Mediterráneo y el Portuario Sur. Para el primero ofertó $2.407,50 por peaje, superando a la constructora Cartellone. Para el segundo, $1.519,79, dejando atrás a Paolini Hermanos. La particularidad es que Creditech había sido descalificada al inicio del proceso porque sus indicadores financieros no cerraban. Pero después de depositar una garantía de $350 millones y apelar con argumentos técnicos, Vialidad Nacional revisó el dictamen y la reincorporó. Así, un holding que fue uno de los principales aportantes a la campaña de La Libertad Avanza en las elecciones de 2025 se convierte en dueño de dos tramos estratégicos de la red vial. El olor a licitación a medida lo sintieron hasta los competidores.
- El tercer corredor, el Puntano, quedó para Bassa Construcciones, una firma que ya tiene presencia en obras de infraestructura provincial y que en Neuquén presta el servicio de recolección de residuos. Menos ruidosa que las anteriores, pero parte del mismo esquema: empresas con espalda política que se quedan con contratos de largo plazo mientras los usuarios verán multiplicarse los peajes —habrá una cabina cada 98 kilómetros en promedio— sin demasiadas explicaciones sobre cómo se fijaron las tarifas máximas de referencia.
- El otro gran negocio de estas semanas está en la energía y tiene nombre propio: Genneia. La compañía presidida por Jorge Brito (hijo) se adjudicó 421 megavatios de los 701 que el Gobierno licitó para instalar sistemas de almacenamiento con baterías, una tecnología clave para acompañar el crecimiento de Vaca Muerta y las renovables. Se trata de una inversión estimada en 700 millones de dólares, y Genneia se llevó cerca del 60% de toda la potencia asignada por CAMMESA. Detrás quedaron pesos pesados como YPF Luz, Central Puerto, Pampa Energía y 360Energy. La diferencia fue tan abrumadora que pocos esperaban semejante concentración.
Jorge Brito (hijo) es un hombre de diálogo con el Gobierno, aunque la relación no empezó bien. A mediados de 2024, Milei lo acusó públicamente de haber digitado una corrida cambiaria desde el Banco Macro y dijo que “Brito es un tipo que juega sucio” y que “creció a la luz de hacer negocios con Massa”. Pero el empresario logró encapsular aquella furia, tender puentes con Luis Caputo y Santiago Bausili, y terminar elogiando la gestión económica libertaria. Genneia no es solo Brito: la propiedad está compartida con Fintech Energy, el fondo del mexicano David Martínez, socio histórico del Grupo Clarín. Y la historia familiar del presidente de la firma remite a Jorge Brito padre, el “banquero de los peronistas” que acompañó a Néstor Kirchner y que fue amigo íntimo de Sergio Massa. El apellido funciona como un puente entre mundos supuestamente antagónicos.
Para los que circulan por las rutas del centro del país, todo esto significa que a partir de ahora pagarán peajes cada menos kilómetros, en cabinas gestionadas por empresas que arrastran causas de corrupción o que fueron rescatadas en la recta final de una licitación gracias a una garantía millonaria. Para el sistema eléctrico, la concentración del almacenamiento en un solo jugador despierta preguntas sobre competencia futura y formación de precios. Mientras tanto, el discurso que dividía al país entre la “casta” y la gente común se diluye en contratos, adjudicaciones y guiños que reproducen las mismas lógicas de siempre.
Fuente original: Urgente24, 7 de julio de 2026
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