El Gobierno entrega el Paraná a una empresa belga por 25 años: Milei concreta su mayor privatización y el río queda en manos extranjeras
El Gobierno nacional acaba de cerrar la concesión más grande de la era Milei. La empresa belga Jan De Nul, asociada con la firma argentina Servimagnus, se quedó por 25 años con el control de la Hidrovía Paraná-Paraguay, el corredor por donde sale cerca del 80% de las exportaciones argentinas. El contrato incluye el cobro de peajes, el dragado, el balizamiento y el mantenimiento de más de 1.400 kilómetros de esa vía navegable.
Desde distintos sectores —políticos, ambientales y sociales— ya surgieron cuestionamientos. Apuntan, por un lado, a la entrega de una infraestructura estratégica a un consorcio extranjero. Por el otro, reclaman la falta de estudios de impacto ambiental integrales y una participación ciudadana que, dicen, brilló por su ausencia en la toma de decisiones.
El dragado no es solo remover barro
El dragado consiste en extraer sedimentos del fondo del río para permitir el paso de barcos de mayor calado. Aunque suele presentarse como una obra necesaria para la navegación, los especialistas advierten que puede generar impactos ecosistémicos importantes: alteración de humedales y áreas de reproducción de peces, modificación de corrientes naturales y ciclos de inundación, mayor erosión de costas e islas del Delta, remoción de sedimentos que pueden contener contaminantes acumulados durante décadas, pérdida de biodiversidad y cambios en la dinámica natural del Paraná.
- El Paraná no es una autopista líquida. Es un sistema vivo que abastece de agua, sostiene actividades productivas, regula inundaciones y alberga una biodiversidad enorme. Reducirlo a una "hidrovía" es mirarlo con anteojeras comerciales.
Soberanía y ambiente: un debate que se reabre
Mientras el Gobierno defiende la concesión argumentando que reducirá costos logísticos y modernizará la navegación, los sectores críticos sostienen que el control de una ruta por donde circula el 80% de las exportaciones vuelve a quedar en manos privadas y extranjeras. Así, reabren el debate sobre soberanía, control estatal y protección ambiental.
La discusión no se limita al comercio exterior. Involucra el futuro del río, los humedales y los recursos naturales que forman parte del patrimonio ambiental de toda la región.
El Paraná: mucho más que una vía de carga
Aunque el término "hidrovía" se usa para describir un canal de transporte de mercancías, numerosos especialistas señalan que esa denominación reduce la complejidad y riqueza de uno de los sistemas fluviales más importantes de Sudamérica. El río Paraná no es solo un corredor para barcos. Es un ecosistema de enorme valor ambiental, social y cultural: incluye humedales, lagunas, arroyos, bosques ribereños y una biodiversidad única. Además de sostener actividades productivas y comunidades enteras, cumple funciones clave como la regulación de inundaciones, la provisión de agua dulce, la captura de carbono y el refugio de miles de especies de flora y fauna.
Por eso, para muchos sectores ambientales, hablar únicamente de "hidrovía" implica mirar al Paraná desde una lógica exclusivamente comercial, dejando en un segundo plano su riqueza ecológica y el papel fundamental que cumple para la vida en toda la región.
Fuente original: Correlavoz, julio 2026
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