Milei le prohíbe a la Selección cantar con Lali y mete al Gobierno en el vestuario: los jugadores la pidieron, el Presidente la vetó
La selección argentina iba a repetir una cábala y el Presidente se metió en el medio. Los jugadores querían que Lali Espósito volviera a cantar el himno, como en la final del mundo en Qatar. Pero Javier Milei, a través de intermediarios, ya le bajó el pulgar a la AFA: esa opción “no sería conveniente”. La filtración salió al aire en el programa deportivo AZZ y en pocas horas la discusión dejó de ser futbolera para transformarse en un round entre el poder político y los códigos del vestuario.
La información es un baldazo de agua fría para los futbolistas que venían insistiendo con el nombre de Lali desde hace semanas. En AZZ fueron al hueso. “Los jugadores pidieron por Lali para cantar el himno pero el Presidente no quiere”, largaron los conductores sin anestesia. Y no se quedaron ahí: explicaron que la negativa llegó a las oficinas de la Asociación del Fútbol Argentino por canales informales pero muy concretos. Funcionarios cercanos al primer mandatario hicieron saber que la presencia de la cantante no era del agrado de la Casa Rosada y que, en todo caso, convenía postular a Soledad Pastorutti, una artista que siempre tuvo buena recepción en actos oficiales y zonas rurales, y que en los últimos meses se mostró alineada con la narrativa del Gobierno.
En los pasillos de la AFA la recomendación cayó como un piedrazo. No porque Soledad genere rechazo —de hecho su voz es respetada en cualquier rincón del país—, sino porque el mensaje llegó con la fuerza de una orden velada. Desde el programa AZZ no tardaron en marcar la cancha: “Si canta Lali o no es decisión de la AFA aprobado por FIFA”. La frase es precisa. Cualquier intromisión externa, venga de donde venga, choca contra la autonomía que exige el reglamento de la casa madre del fútbol. Y acá, según los testimonios que circularon en el estudio, el Presidente intentó mover las piezas antes de que el máximo organismo deportivo siquiera evaluara la propuesta.
Para entender por qué los jugadores la pidieron, hay que retroceder hasta diciembre de 2022. En el estadio Lusail, minutos antes de la final contra Francia, Lali Espósito interpretó un himno a capela que estremeció a las tribunas repletas de argentinos. La imagen quedó grabada como un emblema de aquella Copa del Mundo, y dentro del plantel se transformó en un símbolo de unidad. Varios de los campeones que todavía visten la celeste y blanca pensaron que traerla de regreso era un guiño a la buena suerte y, sobre todo, un mimo a la hinchada, que le respondió con un aplauso cerrado hace cuatro años.
El tiro por elevación que ahora parte desde Balcarce 50 tiene un costo simbólico difícil de medir. Lo que está en discusión no es únicamente el nombre de una artista, sino la frontera entre un Gobierno que recién cumple sus primeros meses y una decisión protocolar que, por estatuto, pertenece al mundo del fútbol. El programa AZZ lo dijo sin eufemismos: el Presidente eligió mandar un mensaje antes que dejar fluir la voluntad de los que entran a la cancha. Y ese gesto, que en un despacho oficial puede sonar a detalle menor, afuera se lee como un intento de colonizar simbólicamente un terreno que hasta acá estaba reservado a los jugadores y a los hinchas.
La grieta, que parecía haberse tomado un respiro cada vez que rodaba la pelota, ahora asoma justo en la previa de un partido que debería unir. En grupos de WhatsApp, en las redes y en las mesas de café los hinchas no hablan de táctica sino de política. El riesgo es que el himno, ese momento en que 80 mil gargantas suenan al unísono, se parta en dos antes de empezar. Mientras tanto, la AFA evalúa con incomodidad los pasos a seguir: si acepta la sugerencia implícita que ya circuló por teléfono, desautoriza a sus futbolistas; si la ignora, tensa una relación con el Gobierno que apenas empieza y que ya tiene capítulos espinosos en otras áreas.
Pensalo así: un vestuario que se siente campeón del mundo y que elige libremente a quién quiere escuchar antes de salir a la cancha se topa de golpe con un no que viene del escritorio más alto del país. No hay resolución judicial ni decreto: alcanza con un llamado, un recado, la palabra “conveniente” dicha en el oído adecuado. Ese mecanismo de poder blando, aunque carezca de firma, pesa. Y pesa especialmente en un país donde la política y el fútbol conviven hace décadas con una tensión que cada tanto explota en el momento menos pensado.
La pelota quedó del lado de la AFA. Los futbolistas ya pidieron, el Presidente ya opinó, y la FIFA mira de reojo. Lo que se resuelva en los próximos días no va a cambiar la alineación titular ni va a sumar puntos en la tabla, pero va a decir mucho sobre quién manda en esa zona gris donde terminan los botines y empiezan los despachos.
Fuente original: Programa AZZ, emitido el 17 de julio de 2026.
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