El DNU que desató una guerra oculta en la Aduana: el plan de Sturzenegger contra los despachantes y el poder de los Caputo
- No es un conflicto técnico. Es una pelea por el control del negocio más sensible del Estado: la Aduana. Y tiene dos frentes abiertos que afectan a cualquiera que compre en el exterior o que intente importar para su pyme.
El primero: el DNU 730/24, que creó la figura del "declarante". Cualquier persona física o jurídica puede ahora autogestionar sus operaciones aduaneras sin necesidad de un despachante matriculado. El Centro de Despachantes de Aduana (CDA) protestó ante Federico Sturzenegger, el ministro de Desregulación, argumentando que la falta de examen técnico o de secundario completo para los declarantes descalifica la profesión y dispara el riesgo de errores e infracciones.
El segundo: el régimen de courier. El jefe de la Aduana, José Andrés Velis, confirmó que se eliminará el sistema de cinco envíos postales anuales de hasta 400 dólares. La razón: detectaron fraudes masivos con CUIT de personas fallecidas, inexistentes e incluso de gobernadores provinciales, usados para esquivar el límite de compras. Una influencer ya fue procesada por contrabando por esa vía.
Pero el verdadero escándalo no está en los formularios. Está en los pasillos del poder.
El DNU que desregula (y desprotege)
El DNU 730/24 modificó el Código Aduanero y eliminó los registros de despachantes. Ahora, cualquiera puede inscribirse como "declarante" sin pasar por un examen técnico ni acreditar idoneidad. El resultado: miles de personas se anotaron de forma masiva, generando una confusión registral que, según los despachantes, deja el sistema aduanero en manos de improvisados.
El reclamo llegó hasta las recientes Jornadas Comex del CDA, donde Velis tomó nota de cada punto y prometió trasladar el malestar al propio Sturzenegger. No es un gesto menor: el ministro de Desregulación reporta directamente a Javier Milei, no a Karina ni a Santiago Caputo. Y esa autonomía empieza a ser un problema para el núcleo duro del gobierno.
Los despachantes no piden caridad. Exigen que se mantenga la obligatoriedad de un profesional matriculado para garantizar que las importaciones no se conviertan en un campo minado de errores, multas y mercadería trabada. El que termina pagando el pato, advierten, es el importador chico, el que no tiene estudio jurídico ni contactos en el Palacio.
El fraude del courier y el fin de los 400 dólares
En paralelo, Velis puso el foco en el sistema de envíos postales. El régimen permitía hasta cinco compras anuales de 400 dólares con trazabilidad simplificada. Pero la Aduana detectó una red de "avivadas": usuarios que utilizaban CUIT de personas fallecidas o inexistentes para multiplicar los envíos a nombre de terceros. Hasta llegaron a usar el número de identificación de gobernadores provinciales.
El funcionario confirmó la eliminación de ese régimen, aunque no dio precisiones sobre cuándo ni cómo. El objetivo: frenar el fraude. Pero la medida también golpea a los consumidores comunes que usaban ese cupo para comprar productos electrónicos, ropa o repuestos que acá cuestan el doble o el triple. El gobierno dice que es para ordenar el control. Los que compran por internet dicen que es un nuevo cepo.
El sindicato de la AFIP, a través de su secretario general Julio Estévez (h), salió a respaldar la decisión de Velis. "Desregular u optimizar el comercio exterior no puede ser sinónimo de descontrol o de vulneración de la seguridad fiscal", afirmó. Los trabajadores aduaneros, aseguró, son quienes detectan en primera línea estas trampas. Apoyo político en medio de la tormenta.
La interna que no se ve: Caputo vs. Sturzenegger
Aquí está el verdadero hueso. José Andrés Velis no llegó a la Aduana por su currículum. Llegó por la mano derecha de Santiago Caputo, el asesor estrella del gobierno. Velis es un ahijado político directo de Caputo, y su designación consolidó el control del equipo del estratega sobre el área más sensible de recaudación e inteligencia fiscal.
Sturzenegger, en cambio, es un ministro sin ataduras. No responde a Karina Milei ni a Santiago Caputo. Responde únicamente al Presidente. Y esa libertad para diseñar su agenda desreguladora choca de frente con la estructura de poder que los Caputo armaron en ARCA y en la Aduana.
La relación entre Velis y Santiago Caputo ya tuvo un momento de máxima tensión: el escándalo de las valijas en Aeroparque, cuando un avión del empresario Leonardo Scatturice ingresó equipaje sospechoso sin los controles debidos. En ese momento, la Aduana dependía de Juan Pazo, y el ruido político llegó al fuero Penal Económico. Caputo se enojó con Velis por las consecuencias mediáticas. Pero el padrinazgo sobrevivió.
Ahora, el reclamo de los despachantes se convierte en un examen de fuerza. ¿Puede Sturzenegger imponer su agenda desreguladora contra la voluntad del hombre de Caputo en la Aduana? ¿O Velis, con el respaldo del asesor presidencial, logrará frenar o moderar el DNU?
El factor Karina y la disputa en ARCA
La interna es aún más compleja. Sectores alineados con Karina Milei, secretaria General de la Presidencia, buscan recortar el margen de influencia de Santiago Caputo. Y la Aduana es uno de los principales tableros. La conducción de Velis es un foco constante de fricción: los equipos de Karina apuntan a desplazar o debilitar la estructura armada por el asesor.
Además, Velis mantiene una tensa disputa de poder con Andrés Vázquez, el titular de ARCA. Aunque ambos responden a los Caputo, la pelea por la designación de subdirectores clave busca recortar la autonomía operativa del jefe aduanero. Mientras los funcionarios se tiran flechas, el sistema aduanero navega entre dos fuegos.
El gabinete de Milei no encuentra paz desde el affaire de Manuel Adorni, y esta nueva guerra interna amenaza con abrir otra grieta. Sturzenegger es un ideólogo que cree en la desregulación a ultranza. Caputo y Karina, en cambio, construyen poder territorial. La Aduana es el campo de batalla.
Lo que está en juego para el argentino común
Más allá de los nombres y los despachos, hay consecuencias concretas. El fin del régimen de 400 dólares encarece cualquier compra internacional. La desregulación de los declarantes, si no se controla, puede generar más trabas burocráticas, no menos. El que quiere importar un insumo para su taller o su negocio se enfrenta a un sistema donde el error propio puede costarle la mercadería y una multa.
Los despachantes no son santos, pero cumplen una función de control que el Estado no puede suplir con un formulario online. La pregunta que el gobierno no responde es: ¿quién garantiza que los declarantes improvisados no cometan errores que terminen en infracciones y pérdidas millonarias para pequeños importadores?
Mientras Sturzenegger y Caputo miden fuerzas, el ciudadano de a pie sigue esperando que las promesas de desregulación se traduzcan en menos costos y más agilidad. Por ahora, lo único que llega es humo.
El examen de Sturzenegger
El reclamo de los despachantes no es un ruido menor. Es un testeo del verdadero poder que ostenta Sturzenegger dentro del gobierno. Si logra mantener el DNU 730/24 sin modificaciones, habrá demostrado que su autonomía frente a Milei es real. Si termina retrocediendo, quedará claro que los Caputo y Karina tienen la última palabra.
El gobierno libertario llegó prometiendo romper con las corporaciones. Pero la pelea actual no es contra los despachantes, sino entre facciones del mismo oficialismo. Y mientras los funcionarios se disputan el control de la Aduana, los que necesitan importar para vivir siguen esperando que alguien les explique si pueden hacerlo, cómo y a qué costo.
La guerra está declarada. El campo de batalla, la Aduana. Y el desenlace no se define en los papeles, sino en el escritorio de Javier Milei.
Fuente original: REALPOLITIK - 25 de junio de 2026
Enlace: www.realpolitik.com.ar
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