La grieta que sacude Medio Oriente: Trump rompe con Netanyahu y firma la paz con Irán a espaldas de Israel
La relación entre Estados Unidos e Israel, considerada durante décadas como una de las alianzas más inquebrantables del tablero geopolítico mundial, atraviesa su peor momento en años. El presidente Donald Trump concretó un acuerdo de paz con Irán que excluyó por completo a su socio militar —y que los analistas israelíes ya califican como un "fracaso estratégico colosal" para el Estado judío.
El memorando de entendimiento entre Washington y Teherán, firmado digitalmente el domingo y que será rubricado formalmente este viernes en Suiza, pone fin a la guerra que ambos países —junto a Israel— lanzaron contra Irán el pasado 28 de febrero. Pero el acuerdo, que prevé la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz y un alto el fuego de 60 días, no solo excluyó a Netanyahu de las negociaciones, sino que lo dejó sin acceso al texto final del documento.
"Sin Estados Unidos, no habría Israel. Sin mí, no habría Israel, porque ningún otro presidente estaba dispuesto a hacer lo que yo hice", declaró Trump en la cumbre del G7 en Francia. Horas antes, el mandatario había sido aún más explícito: describió a Netanyahu como "loco" y cuestionó su juicio en entrevistas con medios. Según reportes de Axios, Trump llegó a decir que Netanyahu "no tiene puto juicio" por ordenar un ataque en Beirut que casi hizo descarrilar las negociaciones.
El origen de esta fractura no es un hecho aislado, sino la acumulación de meses de desencuentros sobre cómo gestionar la salida de la guerra. Mientras Netanyahu impulsaba mantener la presión militar sobre Irán y seguir golpeando objetivos en Líbano, Trump priorizaba cerrar un acuerdo que le permitiera desactivar un conflicto impopular en Estados Unidos y responsable de un aumento en los precios de los combustibles que golpeaba su gestión.
Trump, según reportan medios estadounidenses, habría perdido la paciencia ante los constantes pedidos de Netanyahu para escalar operaciones militares. El líder israelí "quiere bombardear a todo el mundo", se quejó Trump ante sus asesores. Las discrepancias se profundizaron cuando Israel lanzó ataques en Líbano que Washington consideró una amenaza directa para las negociaciones con Teherán.
"Si Netanyahu se interpone en algo que Trump realmente quiere, y eso es salir de esta guerra, está dispuesto a usar la influencia que tiene", resumió Aaron David Miller, asesor en Medio Oriente durante gobiernos demócratas y republicanos a lo largo de dos décadas.
El impacto en la política interna israelí no se hizo esperar. El partido Likud, en el poder, canceló una campaña publicitaria que planeaba destacar los lazos de Netanyahu con Trump para las elecciones de octubre, ante el temor de que esa asociación se haya convertido en un pasivo.
Los analistas israelíes no tardaron en señalar al primer ministro como el gran perdedor del acuerdo. Yossi Verter, columnista de Haaretz, lo definió sin vueltas como el "arquitecto del fracaso" y cuestionó sus promesas de décadas sobre Irán. Ben Caspit, de Maariv, fue igual de duro: "Sin vergüenza, el arquitecto del fracaso afirmó que había salvado a Israel de la aniquilación. Esa fue solo otra mentira entre muchas".
Netanyahu, que el lunes dio su primera conferencia de prensa en tres meses, reconoció que no conocía los detalles del acuerdo y trató de minimizar la crisis comparando las diferencias con Trump con desavenencias "que existen en las mejores familias". Pero la Casa Blanca filtró que Trump le había gritado por teléfono: "¿Qué demonios estás haciendo? Estás loco. Estarías en prisión si no fuera por mí. Te estoy salvando el culo".
El costo de la guerra: un desastre anunciado
La guerra con Irán, iniciada el 28 de febrero, tuvo consecuencias que el gobierno israelí subestimó. El estrecho de Ormuz permaneció cerrado durante meses, lo que disparó los costos de los seguros de envío y encareció los productos importados en todo el mundo. Los países del sur global, que son la mayoría de la humanidad, experimentaron esto como una catástrofe económica que no fue culpa suya y por la cual llevaron una carga desproporcionada.
El costo para Estados Unidos también fue significativo. Las encuestas mostraban una oposición abrumadora a la guerra entre el público estadounidense, no solo entre progresistas o árabes y musulmanes, sino a lo largo del espectro político. Los votantes que habían apoyado a Trump no querían guerra con Irán y no entendían por qué estaban en guerra con un país que no representaba una amenaza existencial inmediata para Estados Unidos.
El acuerdo de alto el fuego, tal como está redactado, implica un proceso escalonado: una reapertura parcial del estrecho ahora, una reapertura completa para el viernes, negociaciones sobre el programa nuclear durante los próximos 60 días y el descongelamiento gradual de los activos iraníes. Estiman que el dinero congelado de Irán asciende a entre 200 y 400 mil millones de dólares retenidos en múltiples jurisdicciones bajo presión de sanciones de Estados Unidos. El acuerdo prevé la liberación de 24 mil millones de dólares en etapas, comenzando con 12 mil millones en los próximos 30 días.
"Es la propia riqueza soberana de Irán, no es dinero estadounidense", señalaron analistas consultados por medios internacionales. "Es dinero que pertenece a una nación de 90 millones de personas, retenido porque Estados Unidos eligió la asfixia económica como herramienta de cambio de régimen".
El factor Líbano como punto de inflexión
Uno de los principales puntos de fricción es Líbano. El acuerdo con Irán incluye un cese del fuego que abarca también los combates entre Israel y Hezbolá, y exige la retirada israelí del sur libanés. Pero Netanyahu se niega a retirar las tropas a menos que Hezbolá sea desarmado.
Trump, por su parte, fue contundente en su mensaje: pidió a Netanyahu que sea "más responsable" y dijo no estar "contento" con la forma en que Israel ha actuado en ese país. "No estoy satisfecho con la forma en que Israel ha actuado en el Líbano y con Hezbolá. Deberían haber podido terminar el trabajo, pero esto simplemente se alarga sin fin", declaró.
Mientras tanto, el vicepresidente JD Vance profundizó aún más la grieta al acusar a funcionarios del gabinete israelí de ser "desagradecidos" y recordarles que Israel "tiene pocos amigos en la comunidad internacional". El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, respondió declarando que Israel no se siente "obligado" por el acuerdo de Trump.
Lo que queda por delante
El acuerdo con Irán se firmará formalmente este viernes en Ginebra. Pero quedan preguntas abiertas: ¿Netanyahu podrá sortear el costo político de haber quedado excluido de una negociación que define el futuro de la seguridad regional? ¿La relación bilateral podrá recomponerse o esta herida es irreversible? El propio Trump, en un giro que desconcierta, dijo el jueves que es "muy probable" que apoye a Netanyahu en las elecciones de octubre, aunque matizó que primero quiere ver "quién se presenta".
Tres altos funcionarios del gobierno israelí tienen actualmente órdenes de arresto pendientes del Tribunal Penal Internacional. El primer ministro de Israel es uno de ellos. Estados Unidos ha bloqueado la ejecución de esas órdenes, lo que según analistas implica a Washington en las acciones de Israel de maneras que no son metafóricas.
El registro histórico muestra que la política exterior estadounidense tiene una tendencia hacia lo que algunos llaman "amnesia estratégica": la capacidad de oscilar entre momentos de aparente claridad y largos periodos de deriva. El lobby israelí, extraordinariamente bien organizado y financiado, esperará y movilizará su arquitectura mediática y congresional para enmarcar cualquier presión sostenida de Estados Unidos sobre Israel como traición o antisemitismo. Lo han hecho antes, lo volverán a hacer.
Pero lo que parece claro es que la alianza incondicional entre Washington y Jerusalén, que Netanyahu supo vender como su principal activo político, ya no existe en los términos que existió durante décadas. Y el tablero de Medio Oriente, una vez más, se reconfigura frente a los ojos del mundo.
Fuente: Este artículo se basa en información publicada por AP News, Axios, EFE, The Times of Israel, The Conversation y medios israelíes entre el 16 y el 18 de junio de 2026.
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