24 Nobel y 2.600 científicos exigen a Milei que detenga el vaciamiento nuclear y científico
No es una carta más. Es un grito que llegó desde los laboratorios más prestigiosos del planeta y que aterrizó en la mesa de Javier Milei con la fuerza de un ultimátum. Este lunes, 24 premios Nobel y más de 2.600 investigadores de todo el mundo —entre ellos, el presidente de la Royal Society de Londres y un ex secretario de Energía de Estados Unidos— hicieron público un documento de una crudeza inusitada: le exigen al Gobierno frenar de inmediato el “ajuste y desmantelamiento” del sistema científico argentino. La carta, dirigida también al jefe de Gabinete Diego Santilli, habla sin eufemismos de “colapso” y de destrucción de capacidades que llevó décadas construir.
- La patria de los tres premios Nobel científicos —Houssay, Leloir, Milstein— está siendo desguazada ante la mirada atónita de quienes hasta ayer la señalaban como modelo. Y esta vez no son sólo declaraciones altisonantes: la misiva viene con nombres y números que duelen.
El físico Steven Chu, Nobel y ex secretario de Energía de Barack Obama, estampó su firma. También el biólogo Paul Nurse, Nobel y presidente de la Royal Society, la academia científica más antigua del mundo. Víctor Ambros, Nobel de Medicina 2024, y los médicos Harvey Alter y Barry Marshall, que revolucionaron los tratamientos contra la hepatitis C y las úlceras gástricas, se sumaron sin dudar. La lista la encabezan 24 laureados, pero la empujan más de 2.600 científicos de todas las latitudes. ¿El detonante? Dos datos que exponen la velocidad de la motosierra: la inversión pública en ciencia se desplomó al 0,14% del PBI y desde fines de 2023 se vienen perdiendo, en promedio, ocho puestos de trabajo especializados por día.
El documento, impulsado por el biólogo molecular Alberto Kornblihtt y la física y diputada nacional Adriana Serquis, profundiza una advertencia que ya en marzo de 2024 habían lanzado 68 premios Nobel. Pero el diagnóstico actual es mucho más sombrío. “Se avizora la destrucción de un sistema del cual se benefició la humanidad en su conjunto y que requeriría muchos años para ser reconstruido”, sentencian los firmantes. No es una metáfora: es la conclusión de quien ve cómo se apaga un reactor que alumbró a toda la región.
Porque el ajuste no es sólo presupuestario. Es físico, palpable, visible. El proyecto del reactor modular CAREM 25, orgullo de la ingeniería nacional que se levantaba en Lima, Zárate, está paralizado tras haber consumido 480 millones de dólares y alcanzar un 65% de avance. Los 600 técnicos e ingenieros que trabajaban ahí están con el futuro en el aire. Y el reactor multipropósito RA-10, frenado cuando faltaba apenas un 30% para terminarlo, era la llave para producir molibdeno-99, el radioisótopo que utiliza el 80% de los diagnósticos oncológicos y cardíacos de América Latina. Sin esa producción, el apagón sanitario regional será cuestión de meses.
Pero hay más, y más grave. La carta denuncia hechos que trascienden lo económico y rozan lo institucional: irrupciones de fuerzas de seguridad en sedes del CONICET, del INTI y de la Comisión Nacional de Energía Atómica, junto a despidos masivos y escenas que, según los científicos, “remiten a las épocas más oscuras” de la historia académica nacional. La represión como respuesta al descontento de investigadores que sólo piden seguir investigando.
El contexto político es clave para entender por qué el reclamo internacional escaló hasta este punto. En el último año y medio, el Gobierno avanzó con dos decisiones que para los Nobel configuran un patrón de vaciamiento deliberado. Primero, la privatización del 44% de Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NASA), la empresa que opera Atucha I, Atucha II y Embalse, mediante el Decreto 695/2024. Después, el Decreto 655/2026, que ordena una nueva reducción de la CNEA, el organismo creado en 1950 que fue el pilar del desarrollo nuclear pacífico. Para los firmantes, el mensaje es inequívoco: se desmantela la capacidad atómica autónoma mientras se negocia auxilio financiero con Estados Unidos y se entregan activos superavitarios a precios muy inferiores a su costo de desarrollo.
La carta internacional pone contra las cuerdas a un Gobierno que hizo del ajuste su bandera, pero que ahora enfrenta una pregunta incómoda: ¿cuál es el límite? Mientras se discute si el CAREM se reactiva o se convierte en chatarra, hay familias enteras de científicos que ya están armando las valijas. La fuga de cerebros no es una estadística: son tipos y tipas que manejan tecnologías que pocos países dominan y que se van a trabajar a laboratorios de Europa o Estados Unidos. Lo que pierde la Argentina no se mide en dólares: se mide en soberanía. Y los Nobel, desde afuera, lo ven con más claridad que muchos desde adentro.
Fuente original: DataUrgente, 1 de agosto de 2026
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