Milei los llamó 'termos mononeuronales' y la Selección Argentina le clava el portazo: no irán a la Rosada
No habrá foto. No habrá balcón. No habrá abrazo ni discurso compartido. La Selección Argentina, que el domingo disputará la final del Mundial contra España, ya tomó una decisión definitiva: no visitará a Javier Milei en la Casa Rosada. El gesto, inédito en la historia reciente del fútbol argentino, no es un capricho ni un berrinche. Es una respuesta directa a los insultos del Presidente, que llamó "termos mononeuronales" a los jugadores y calificó de "slogan berreta y populista" el homenaje que el equipo hizo a las Islas Malvinas con una bandera tras el partido contra Inglaterra.
- Fuentes cercanas al plantel nacional confirmaron que el rechazo a la visita está consensuado entre la mayoría de los futbolistas. La decisión no fue tomada a la ligera. Lleva días cocinándose, desde que Milei salió a cruzar a los jugadores en sus redes sociales después de aquella semifinal en Atlanta. El mandatario no solo cuestionó el gesto patriótico: directamente insultó. "Mientras algunos se dedican a hacer berrinches propios de un adolescente termo mononeuronal, nosotros por la vía diplomática cada día estamos más cerca de la recuperación de las Islas Malvinas", escribió en X, junto a una foto de los jugadores con la bandera. Esa publicación, que buscaba marcar distancia con el "nacionalismo rancio", terminó siendo el puntapié de un conflicto que hoy tiene a la Selección y al Gobierno en las antípodas.
- La Asociación del Fútbol Argentino, por su parte, aún no emitió un comunicado oficial. Pero el silencio, en este caso, es más elocuente que cualquier palabra. Nadie en el entorno de la AFA desmintió la versión. Nadie salió a decir que la visita sigue en pie. Todo lo contrario: desde la delegación argentina en Estados Unidos ya se filtró que el plantel no tiene previsto asistir a ningún acto oficial en la Rosada, gane o pierda la final. La postal que el oficialismo imaginó —los campeones del mundo saludando desde el balcón junto al líder libertario— se desvaneció por completo.
Este choque no es una novedad. Milei ya había mostrado su desprecio por el mundo del fútbol en más de una ocasión. Criticó a dirigentes, a jugadores y hasta al propio Lionel Messi, al que acusó de "no entender la realidad económica". Pero esta vez el presidente se topó con un muro más alto que el de la Rosada: la camiseta de la selección. Y es que el equipo no es cualquier equipo. Es el que devolvió la alegría a un país golpeado por la inflación, el desempleo y la pérdida del poder adquisitivo. Es el que, en medio de la crisis, nos hizo sentir que todavía podíamos ganar algo.
Por eso, cuando Milei calificó de "berreta" el reclamo por Malvinas, no solo insultó a los jugadores. Insultó a millones de argentinos que ven en esas islas una causa irrenunciable. Y cuando llamó "termos mononeuronales" a los campeones, les dijo, en criollo, que son unos idiotas por defender la soberanía. Ese tono despectivo, tan propio de su discurso de odio hacia lo popular, terminó de sellar el destino de la visita.
El episodio, además, se da en un momento clave. La final del Mundial está a la vuelta de la esquina. Argentina enfrenta a España el domingo. Pero más allá del resultado deportivo, la selección ya ganó una batalla política: la de no dejarse instrumentalizar. Milei quería subirse a la Scaloneta. Quería la foto, el abrazo, el "vamos por más" desde el balcón. Pero los jugadores, con un gesto de bandera y una decisión de no pisar la Rosada, le dejaron claro que la camiseta no se negocia. Que no son moneda de cambio. Que el fútbol no es parte de su relato.
- La Casa Rosada, mientras tanto, intenta bajar el tono. Algunos funcionarios aseguran que Milei ya sabía de la negativa y que por eso ofreció "vaciar la Rosada" para que los jugadores festejaran sin él. Pero la realidad es tozuda: el ofrecimiento llegó tarde. Las palabras ya estaban dichas. Y en la Argentina del fútbol, las palabras pesan más que cualquier gesto diplomático.
¿Qué queda en juego, entonces? Mucho más que una foto. Queda la relación entre el poder político y un símbolo cultural que, en este país, moviliza más que cualquier discurso. Queda la pregunta de si un presidente puede insultar a los héroes del pueblo y esperar que todo siga igual. Queda, sobre todo, la certeza de que la Selección Argentina, al menos esta vez, supo decir que no. Y que ese no, en un país donde el fútbol es religión, resuena más fuerte que cualquier decreto.
La final se juega el domingo. Pero la derrota política de Milei ya está consumada. Los campeones del mundo no irán a la Rosada. Y esa imagen, la de un presidente solo en el balcón, sin los jugadores que él mismo insultó, quedará como una de las estampas más tristes de su gestión.
Fuente original: TN.com.ar, El Destape, Primera Edición, Infocielo, Página/12, Fox Sports México (julio 2026)
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