Adorni entregó la TV Pública a los Werthein: el Estado pagó 4 millones de dólares y los argentinos deben ver el Mundial por una señal privada
¿Sabés por qué no podés ver los partidos del Mundial en la TV Pública como siempre los viste? Porque Manuel Adorni, el mismo que se llena la boca diciendo que defiende los impuestos de los argentinos, acaba de entregar el negocio del fútbol a un puñado de empresarios amigos. El Estado desembolsó 4 millones de dólares para que la señal estatal transmita 10 partidos, pero la pantalla pública es apenas un repetidor de DirecTV. No hay relatores propios, no hay periodistas argentinos en el campo de juego, no hay producción nacional. Y, para rematar, la TV Pública no puede vender ni un segundo de publicidad. Todo se lo lleva un privado.
El contrato, rubricado entre Radio y Televisión Argentina y Torneos S.A., fue impulsado desde la cartera que conduce el propio Adorni —quien además se desempeñó como secretario de Comunicación y Medios— y contó con la participación activa de su vicejefa de Gabinete, Aimé "Meme" Vázquez. El resultado es un papel que, leído con atención, revela un verdadero escándalo en tiempo real: el Estado paga, pero el que cobra es otro.
¿Quién es ese otro? Detrás de DirecTV está el Grupo Werthein, uno de los holding económicos más poderosos de la Argentina, con negocios en agroindustria, energía, seguros, alimentos y, por supuesto, medios. Los hermanos Darío, Adrián y Daniel Werthein son los dueños del 100% de Vrio Corp., la empresa que opera DirecTV en toda América Latina. Y el dato no es menor: Gerardo Werthein, bisnieto del fundador del grupo, fue designado por Javier Milei como embajador argentino en Estados Unidos. Es decir, el mismo gobierno que firmó este acuerdo con DirecTV tiene al dueño de la empresa como su representante diplomático en Washington. Negocio entre conocidos, con tu plata, y ya está en marcha.
El convenio establece que la TV Pública debe "subirse" a la señal de DirecTV cinco minutos antes de cada partido y mantenerse en espejo hasta cinco minutos después del pitazo final. Durante todo ese lapso, el canal estatal no puede hacer nada más que replicar lo que emite el operador satelital: las imágenes, los relatos, los comentarios y, lo más grave, las tandas publicitarias que DirecTV decide colocar. El Estado no puede comercializar ni un espacio, ni siquiera en el entretiempo. Todo el negocio publicitario queda en manos del privado.
Pero la cosa no termina ahí. Al estar la TV Pública vedada para vender publicidad durante los partidos de la selección, las empresas y los propios organismos estatales que quieren pautar en esos horarios se ven obligados a derivar sus presupuestos al sector privado. El Estado, entonces, no solo perdió la oportunidad de recuperar la inversión de 4 millones de dólares, sino que además termina alimentando a sus competidores con recursos que podrían engrosar sus propias arcas.
¿Y qué pasa con los argentinos que queremos ver el Mundial como siempre lo hicimos? La promesa de Adorni era que los partidos iban a ser transmitidos por la TV Pública sin costo para el contribuyente. Mentira. El dinero ya salió de las arcas estatales. Y encima, el canal público, que históricamente produjo sus propias transmisiones con relatores, comentaristas y periodistas en campo de juego, es apenas un simple repetidor. La calidad informativa, la identidad nacional, el trabajo de los profesionales argentinos: todo sacrificado en el altar del negocio privado.
Durante el Mundial de Qatar, la TV Pública superó en rating a DGO y TyC Sports en todos los partidos de la selección. Esa masa de espectadores, que en cualquier negocio televisivo se traduce en millones de dólares en pauta publicitaria, ahora es explotada comercialmente por DirecTV. El operador satelital no solo vende su señal original, sino que además se lleva como complemento la enorme ventana de difusión que es la TV Pública. ¿El resultado? Un negocio redondo para los Werthein y un pésimo negocio para el Estado.
Fuentes del mercado coinciden en que lo que el canal estatal pueda recaudar con publicidad por fuera de esos horarios —es decir, en franjas mucho menos valiosas— difícilmente alcanza para cubrir el desembolso inicial. "Además de tener que rezarle a Messi y a Scaloni para que la selección llegue lo más lejos posible y no perder plata, el gobierno firmó este acuerdo en un contexto de fuerte retracción publicitaria", señala un analista del sector.
El propio Adorni celebró el acuerdo en sus redes sociales, pero los términos del contrato revelan una operación que, como mínimo, merece explicaciones. El funcionario que se jacta en cada conferencia de prensa de cuidar cada peso de los impuestos entregó el momento más rentable de la televisión argentina a un puñado de empresarios con vínculos directos con el poder. Mientras tanto, los argentinos miramos a Messi y compañía en la tele pública, sí, pero con la señal de un privado, con la publicidad de un privado y con el negocio en manos de los amigos del gobierno.
Esto pasa ahora. Mientras el Mundial se juega, el Estado ya giró los fondos, DirecTV ya colocó su publicidad y la TV Pública ya es un repetidor. Nadie dio explicaciones. Y el tiempo corre.
Fuente original: Página/12, 26 de marzo de 2026
Enlace: https://www.pagina12.com.ar/2026/03/26/el-negocio-detras-del-mundial-de-futbol-en-la-tv-publica/
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