Escándalo mundial: Trump llamó a Infantino y la FIFA borró la roja que dejaba a Estados Unidos sin su goleador
El fútbol tiene sus mandamientos, y uno de los más viejos dice que el jugador expulsado se pierde el partido siguiente sin chistar. No hay grises, no hay atenuantes. Roja directa, un partido afuera. Punto. Así fue durante todo el Mundial 2026 hasta que este domingo, a 24 horas del cruce entre Estados Unidos y Bélgica en Seattle, la FIFA decidió que esa regla se podía torcer. El motivo no está en ningún manual: alcanzó con que Donald Trump levantara el teléfono.
El beneficiario de la maniobra tiene nombre y apellido: Folarin Balogun, delantero centro de la selección estadounidense y su principal carta de gol. El miércoles pasado, contra Bosnia y Herzegovina, vio la tarjeta roja. La sanción automática por expulsión lo dejaba afuera del partido de octavos de final de este lunes. Cualquiera que siga el fútbol lo sabe: no hace falta que un tribunal lo confirme; es una consecuencia directa e inmediata. Sin embargo, la FIFA anunció este domingo una resolución inédita: le suspendió la sanción por un año bajo la figura de “período de prueba” y lo habilitó para jugar.
Para justificar semejante voltereta, el organismo invocó el artículo 27 de su Código Disciplinario, que permite a sus órganos judiciales suspender la ejecución de una pena. El problema es que la propia normativa se encarga de desmentir esa interpretación. El artículo 66.4 del mismo código establece con todas las letras que toda expulsión conlleva de manera automática la suspensión para el encuentro siguiente. Y el artículo 10.5 del Reglamento de Competición del Mundial 2026 es todavía más explícito: no hay excepción. Hasta este domingo, se había aplicado sin matices a todos los jugadores que se fueron expulsados en lo que va del torneo. Todos, menos uno.
¿Qué cambió? La respuesta hay que rastrearla en una llamada telefónica. El mismo miércoles de la roja, el presidente estadounidense se comunicó personalmente con Gianni Infantino, titular de la FIFA. Lo reveló The New York Times y lo confirmaron después otros medios de ese país. Según un funcionario citado en la investigación periodística, Trump quería entender los motivos de la expulsión y por qué eso derivaba en una sanción. Traducido del eufemismo diplomático: llamó para que revisaran el caso. Cuatro días después, la FIFA le concedió el gusto.
Ni bien se conoció la decisión, Trump celebró en su red social con un agradecimiento explícito a la FIFA por “hacer lo correcto” y por “revertir una gran injusticia”. Injusticia, en su diccionario, es que las reglas alcancen también a su propio equipo.
El episodio no es un rayo en cielo sereno. La relación entre Trump e Infantino viene aceitándose al calor de la organización del Mundial que Estados Unidos coorganiza con México y Canadá. El año pasado, la FIFA le entregó al mandatario su primer “Premio a la Paz”, una distinción insólita que aterrizó justo cuando Trump buscaba sin éxito el Nobel de la Paz. Ahora, la misma FIFA que se reclama guardiana del juego limpio le resuelve una baja clave a horas de un partido eliminatorio.
Del otro lado del mostrador, Bélgica no ocultó su furia. La Real Federación Belga de Fútbol calificó la medida de “asombrosa” y puso el dedo en la llaga: mientras el fallo se escuda en el artículo 27, el artículo 66.4 del mismo código ordena lo contrario. Señalaron además la incompatibilidad frontal con el artículo 10.5 del reglamento del Mundial. Bélgica confirmó que analiza “todas las opciones posibles”, una fórmula que en diplomacia deportiva equivale a anunciar una apelación antes de que ruede la pelota.
Pero las palabras más filosas llegaron desde Europa. La UEFA emitió este lunes un comunicado durísimo. Sostuvo que la FIFA “cruzó una línea roja” y manifestó su “incredulidad” ante una resolución que definió como “sin precedentes, incomprensible e injustificable”. El texto advierte que la certeza del reglamento es la base de cualquier competencia que aspire a ser leal y transparente, y que cuando los encargados de garantizarla dejan de hacerlo, lo que entra en zona de riesgo es la integridad misma del juego. La UEFA fue más allá y alertó sobre el precedente: en lo que resta del torneo, situaciones idénticas van a reclamar un trato idéntico. Cualquier otro jugador expulsado tendrá ahora el argumento perfecto para pedir que un llamado presidencial le borre la sanción.
Mientras tanto, la Federación de Fútbol de Estados Unidos eligió el perfil bajo. Se limitó a decir que “acepta la decisión” del Comité Disciplinario y que su foco está puesto en el partido. El laconismo no es casual: saben que cualquier palabra de más puede agravar el incendio.
Esta noche, en Seattle, Balogun va a estar adentro de la cancha. No debería. El reglamento lo excluía, pero un presidente decidió que el reglamento no corre para su país. Lo que está en juego no es solo un pase a cuartos de final que Estados Unidos no consigue desde 2002. Lo que se pone en duda es si el fútbol va en serio cuando dice que sus reglas son iguales para todos. Hoy la excepción fue para el anfitrión. Mañana, quién sabe.
Fuente original: Pausa, 6 de julio de 2026
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