El oficialismo libertario culpó a Massa por la inflación de julio y habló de un “rezago de 36 meses”
El Gobierno nacional responsabilizó este jueves al exministro de Economía Sergio Massa por el dato de inflación de julio, que alcanzó el 2,1% mensual y cortó la mejora registrada en junio. La explicación oficial, difundida desde el Palacio de Hacienda, apunta a un “rezago de 36 meses” heredado de la gestión anterior.
Desde el área económica señalaron que el índice publicado por el INDEC no puede atribuirse exclusivamente a las políticas implementadas desde diciembre de 2023. “Existe un rezago de 36 meses. Lo que estamos viendo todavía es el arrastre de decisiones que se tomaron entre 2021 y 2023”, afirmaron.
El argumento libertario sostiene que la dinámica inflacionaria actual incorpora el impacto de la expansión monetaria, el déficit fiscal y la distorsión de precios relativos de la etapa previa. Para el Gobierno, esas variables siguen empujando los precios aun después del cambio de gestión. Al mismo tiempo, insisten en que las medidas de ajuste fiscal, la reducción del déficit y el ancla monetaria ya están produciendo resultados, pero que esos resultados aparecen con demora en las estadísticas.
Los números del INDEC muestran que el índice de precios al consumidor avanzó 2,1% en julio. En los primeros siete meses del año, la inflación acumulada es de 19,3%. La variación interanual alcanza el 33,8%. El dato vuelve a poner el foco sobre alimentos, servicios y consumo, los rubros que más golpean el bolsillo de las familias.
La referencia a Massa no es casual. Fue ministro de Economía entre agosto de 2022 y diciembre de 2023, y antes presidió la Cámara de Diputados. Las decisiones de ese período, junto con las de los años previos de la gestión anterior, son las que el Gobierno señala como causa del arrastre. La emisión monetaria, el déficit fiscal y los precios relativos distorsionados no se corrigen de un día para el otro, reconocen en Hacienda, pero tampoco dejan de impactar cuando cambian los funcionarios.
Para cualquier hogar, esas cifras se traducen en un poder de compra más chico. Una familia que llena el carrito no necesita entender de rezagos: siente que la plata alcanza menos. Los alimentos volvieron a estar en el centro de la escena, junto con los servicios y el consumo, justo cuando la economía familiar intenta recuperar algo de aire.
El contraste aparece cuando se cruzan los dichos con los datos. El Gobierno asegura que su programa ya muestra resultados, pero el indicador de julio interrumpió la mejora que se había visto en junio. No se trata de una interpretación: es lo que refleja la serie oficial. La promesa de una baja sostenida todavía no se consolida en los números mensuales.
Queda en juego la credibilidad de la explicación oficial. Si los próximos meses confirman una desaceleración, el argumento del rezago habrá servido para ganar tiempo. Si la inflación se mantiene o repunta, la herencia de Massa no alcanzará para explicar el presente. La discusión, mientras tanto, se resuelve en las góndolas y en las boletas de servicios, donde los aumentos no esperan.
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Fuente original: Comunicación del Palacio de Hacienda y datos del INDEC, 12 de agosto de 2026
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