La inflación acumulada con Milei sería 15,5 puntos más alta si se aplicaba la canasta que el Gobierno postergó
Un ejercicio de la consultora Qualy acaba de poner en números una discusión que hasta ahora parecía técnica. Si el INDEC hubiera aplicado la actualización de la canasta que estaba prevista para enero de 2026, la inflación acumulada desde diciembre de 2023 habría llegado al 344,3%. La medición oficial, en cambio, marca 328,8%. Son 15,5 puntos porcentuales de diferencia que no nacen de un mes aislado, sino del arrastre de más de dos años.
Conviene aclarar desde el arranque: no se trata de una segunda medición oficial escondida ni de un índice paralelo. Es una reconstrucción hecha con las ponderaciones de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017/18, la misma base que el propio Gobierno iba a utilizar para renovar el Índice de Precios al Consumidor. El organismo estadístico lo había anunciado en octubre de 2025: a partir de las variaciones de enero de 2026 se publicaría un IPC con esa estructura actualizada. No ocurrió.
A comienzos de febrero, el Ministerio de Economía decidió postergar el cambio. La salida de Marco Lavagna de la conducción del INDEC fue la señal más visible de esa decisión. Luis Caputo lo confirmó con una frase que ahora se vuelve incómoda: “La visión nuestra es que no hay que cambiar el índice ahora. De hecho, da prácticamente igual”. La reconstrucción de Qualy muestra que no daba igual.
La consultora recalculó mes por mes la evolución de los precios desde diciembre de 2023 utilizando la canasta de 2017/18 y la comparó con el IPC que efectivamente publicó el organismo durante ese período. El resultado es contundente: con la medición vigente, la inflación acumulada fue de 328,8%. Con la canasta actualizada, habría sido de 344,3%. La distancia se fue ampliando mes a mes, acumulando pequeñas diferencias que terminaron en un número significativamente mayor.
¿Por qué cambia tanto el resultado? Porque la estructura de consumo que sigue usando el IPC actual proviene de la encuesta de gastos 2004/05, que tiene más de dos décadas. La canasta actualizada refleja patrones de consumo más recientes y, sobre todo, le da mucho más peso a los servicios. Tarifas, transporte, alquileres: todos esos rubros tuvieron aumentos fuertes durante la gestión de Milei. Si pesan más dentro del índice general, la inflación termina siendo más alta.
Julio sirve para entender el mecanismo. El IPC oficial registró una variación de 2,11%. Con la canasta actualizada habría dado 2,14%. La diferencia mensual es de apenas 0,03 puntos. Sin embargo, el detalle interno es revelador: en la canasta nueva, los bienes subieron 1,5% contra 1,6% del índice vigente, y los servicios 2,7% contra 3,1%. Ambas categorías mostraron variaciones menores, pero el resultado general fue superior. La explicación es la ponderación: los servicios pesan más y, aunque suban un poco menos que en la canasta vieja, su incidencia sobre el total es mayor.
Qualy también explicó que dentro de cada categoría la canasta actualizada asigna más peso a rubros que en julio funcionaron como anclas antiinflacionarias. En servicios, los alquileres de vivienda y el funcionamiento de equipos de transporte personal tuvieron subas muy bajas: 0,25% en el Gran Buenos Aires y 0,52% en la región Pampeana, respectivamente. En bienes, carnes y derivados registraron una variación de -0,02% en el Gran Buenos Aires y de 0,30% en la región Pampeana. Aun con esos frenos parciales, el índice general con la canasta actualizada dio más alto.
Para una familia argentina, esa diferencia no es un decimal para economistas. Si la inflación real fue 15,5 puntos más alta de lo que muestran los informes oficiales, entonces las paritarias, las jubilaciones y los contratos de alquiler se ajustaron por debajo de la suba real de los precios. El poder de compra cayó más de lo que indican los números publicados. Y eso tiene consecuencias directas sobre la pobreza, el consumo y la capacidad de llegar a fin de mes.
La postergación se justificó con el argumento de no tocar el índice mientras la desinflación no estuviera consolidada. Pero el ejercicio de Qualy deja otra lectura: con una canasta más actualizada, el diagnóstico oficial de la inflación acumulada habría sido más alto. No se trataba solo de una mejora metodológica para reflejar mejor los hábitos de consumo. Era también un dato que modificaba la foto de la gestión económica.
Lo que queda en juego es la confianza en las estadísticas públicas. El IPC no es un documento para especialistas: es la base sobre la que se negocian salarios, se actualizan alquileres, se calculan las tarifas y se mide la pobreza. Si la estructura de gastos que se utiliza no refleja cómo vive la gente, cualquier decisión que se tome a partir de ese dato parte de una foto desenfocada.
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Fuente original: Plan CFK, agosto de 2026
Enlace: http://plancfk.blogspot.com/2026/08/la-inflacion-acumulada-con-milei-seria.html
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