La usura bancaria devora a 21 millones de argentinos: tasas del 1.375% anual y una morosidad que ya supera los picos de la pandemia
La Plaza de Mayo volvió a ser escenario de una protesta masiva. Esta vez, no fue por el salario o por los ajustes. Fue por las deudas. Familias enteras, pequeños comerciantes y dueños de pymes se concentraron frente al Palacio de Hacienda para denunciar lo que ya es una realidad cotidiana: el sistema financiero argentino se convirtió en una máquina de exprimir a quienes menos tienen.
Detrás de esa bronca hay números concretos. El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) acaba de publicar un estudio que retrata la magnitud del desastre. Casi 21 millones de argentinos —más de la mitad de la población adulta— están hoy sumergidos en algún tipo de deuda bancaria o con billeteras virtuales. Y lo que antes era un problema manejable, con posibilidades de renegociación, se transformó en una espiral sin salida.
¿El motivo? Las tasas de interés que cobran bancos y prestamistas se volvieron sencillamente insostenibles. El estudio del CEPA muestra un recorrido escalofriante: lo que arranca con un Costo Financiero Total (CFT) anual de hasta el 180 por ciento —ya de por sí una locura— termina derivando en tasas que superan el 1.375 por ciento anual. Y eso cuando el deudor está dentro del sistema formal. Porque muchos terminan en manos de prestamistas informales que exigen lo que se les antoja, sin ningún tipo de regulación que los limite.
El CFT no es una sigla más. Es lo que realmente termina pagando una persona cuando pide un préstamo o compra algo en cuotas: refleja el costo final, completo, de esa deuda. Y cuando ese número se dispara, el bolsillo del laburante no da más.
La morosidad se disparó a niveles de crisis
- Los datos que maneja el CEPA son contundentes. A mayo de 2026, dentro del sistema bancario, el 73 por ciento del saldo irregular correspondía a préstamos personales y tarjetas de crédito. O sea: financiamiento para el consumo, para llegar a fin de mes, para comprar comida o pagar la escuela de los chicos.
Pero el salto más alarmante se dio en las billeteras virtuales. La morosidad de las familias con estas plataformas pasó del 7,3 por ciento en noviembre de 2024 al 30,1 por ciento en junio de 2026. Ese número perforó el récord que había dejado la pandemia, cuando en mayo de 2020 la mora había tocado el 27,1 por ciento.
Y si miramos el sistema en su conjunto —bancos más billeteras virtuales— la irregularidad alcanza el 15,5 por ciento. La mora histórica de las familias con los bancos, por su parte, trepó a los niveles más altos desde la crisis de 2001, cuando el pico llegó al 32,7 por ciento en septiembre de 2003.
- En total, hay casi 21 millones de deudores entre ambos tipos de entidades. De ellos, 5,91 millones son morosos. Los que cayeron en mora con billeteras virtuales son 2,90 millones —más de la mitad del total—, mientras que 1,66 millones deben solo a bancos y 1,36 millones arrastran deudas irregulares con ambos.
El Gobierno mira para otro lado
Mientras las familias se ahogan, desde el poder ejecutivo la respuesta es la misma de siempre. El ministro de Economía, Luis Caputo, y el presidente Javier Milei ratificaron que el sobreendeudamiento es un "problema entre privados". La postura oficial es clara: cada usuario debe hacerse cargo de sus decisiones, sin asistencia estatal ni regulación pública que limite los abusos.
Esa filosofía de no intervención choca de frente con la realidad de millones de argentinos que no pidieron créditos por capricho, sino porque necesitaban comer, pagar un alquiler o mantener el negocio a flote. La diferencia entre una tasa del 180 por ciento y una del 1.375 por ciento no es un detalle técnico: es la línea que separa la supervivencia de la quiebra.
Hay proyectos, pero falta voluntad política
En el Congreso de la Nación hay una treintena de iniciativas que buscan al menos aliviar la carga que pesa sobre familias y empresas. La más reciente la presentó Leandro Santoro en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Propone un Programa de Desendeudamiento Familiar y Personal que permita refinanciar las deudas de tarjetas de crédito y préstamos personales mediante una nueva línea de crédito con tasas fijas y un tope máximo de 35 por ciento, con plazos mínimos de 24 meses para devolver el nuevo préstamo.
Pero mientras esos proyectos duermen en los cajones de los legisladores, la usura sigue su curso. La Plaza de Mayo se llenó esta semana porque la paciencia se agotó. Porque la gente ya no sabe a quién reclamarle. Porque el Banco Central no pone límites, el Gobierno dice que es un tema privado y los bancos siguen cobrando tasas que ningún bolsillo puede soportar.
Las causas de fondo: ingresos que no alcanzan
Detrás del sobreendeudamiento no hay una ola de consumismo irresponsable, como suelen insinuar algunos funcionarios del equipo económico y el propio Milei. El CEPA lo advierte con claridad: el problema es estructural. El desempleo, la caída del salario real —que desde diciembre de 2023 acumula una pérdida del 8,7 por ciento, y del 18,7 por ciento si se corrige la medición inflacionaria—, más el aumento imparable de servicios públicos, transporte, educación, atención médica, medicamentos y alimentos, han empujado a millones a endeudarse hasta para comprar comida.
Hoy, pedir un préstamo no es un lujo ni una elección. Es la única salida que le queda a quien ya no llega a fin de mes.
El impacto real: vidas rotas
Detrás de cada número hay una historia. La dueña de un kiosco que pidió un préstamo para reponer mercadería y hoy no puede pagar ni los intereses. El padre de familia que usó la tarjeta de crédito para comprar los útiles escolares y ahora la deuda se duplicó en tres meses. El joven que sacó un crédito personal para arreglar el auto y terminó embargado.
La precarización del endeudamiento no es un concepto abstracto. Es la angustia de no poder dormir, de esquivar llamados de estudios de cobranza, de ver cómo los intereses devoran el sueldo mes a mes. Y el estudio del CEPA lo confirma con datos fríos: la morosidad ya superó los picos de la pandemia y se acerca a los de la crisis del 2001. Dos décadas después, la historia se repite.
Lo que está en juego es la posibilidad de que millones de argentinos recuperen el control de sus finanzas o sigan cayendo en un pozo sin fondo. Los proyectos de ley existen. Las herramientas técnicas también. Lo que falta, parece, es la decisión política de ponerle un freno a la usura y proteger a quienes más lo necesitan.
Porque cuando el Estado se lava las manos y dice que es "un problema entre privados", lo que está haciendo es elegir un bando. Y ese bando no es el de las familias que llenaron la Plaza de Mayo.
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Fuente original: ES News, 22 de agosto de 2026
Enlace: https://es.head-post.com/index.php/2026/08/22/familias-y-empresas-de-argentina-sufren-precarizacion-del-endeudamiento/
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